miércoles, 20 de agosto de 2008

(36) LA MALDICIÓN DE CATALINA

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Si fascinante es todo el siglo XVI en España no lo es menos
en nuestro país vecino, Francia. Y de entre todos los personajes
que protagonizaron su historia es Catalina de Medici sin
dudarlo el más apasionante de todos.
Nacida en la refinada corte florentina de los Medici era hija
de Lorenzo II, duque de Urbino, que a su vez era sobrino de
Lorenzo el magnífico.
Si observáis las dos siguientes imágenes comprenderéis
el poderío económico y cultural que imperaba en dicha corte.

Retrato de Lorenzo II por Rafael

Tumba de Lorenzo II por Miguel Ángel

En 1533 y con tan sólo catorce años Catalina es llevada a Francia
donde se casa con Enrique de
Valois hermano del heredero al trono.
El carácter de la italiana no debió de pasar desapercibido en la
corte y a los tres años de su llegada la Medici ya
empezaba a ser
conocida con apelativos tan cariñosos como "madame
la serpiente"
y posteriormente en el apogeo de su reinado como "la
Reina Negra".




El origen de su, tan ganada a pulso, leyenda negra comienza
el mismo día de la muerte de su cuñado el Delfín. Sin embargo las
sospechas que sobre ella recaen ante lo que parece ser un posible
caso de envenenamiento no impiden que su marido sea proclamado
rey
de Francia en 1547.


Enrique II, rey de Francia (1519-1559)

Incluso antes de llegar al trono Catalina comenzó la transformación
de toda la corte. Su poder se vio considerablemente aumentado con
su subida al trono llenando todo París y los castillos de Fontainebleau
y de Saint Germain de pintores, arquitectos y demás artistas así como
introduciendo singulares novedades en la forma de vestir de los
cortesanos.
También, según las malas lenguas, Catalina fue la
encargada de introducir en Francia ciertos "juegos" entre mujeres
a los que ella era bastante aficionada. La verdad, dudo mucho de que
las francesas, de las que sobradamente conocemos sus habilidades,
esperasen al siglo XVI para comenzar a practicar dichos "juegos".
Sin embargo, frivolidades aparte, un gran escollo se interponía entre
ella y el poder que
legítimamente reclamaba: Diana de Poitiers.


Amante de Enrique II desde mucho antes de que éste ocupara el trono
Diana era, para escarnio de Catalina, reconocida por muchos como
la auténtica reina de Francia.
Aunque culta y refinada, Catalina profesaba como tantos otros
monarcas
europeos, véase Felipe II, una gran devoción por todos
los asuntos
relacionados con las ciencias ocultas. Cuando llegó a
sus manos el
libro de las "Prophecies" escrito por Nostradamus en
1556 no tardó
mucho tiempo, tras devorarlo entusiasmada, en
convocarlo ante
su presencia.
La compañía del astrólogo fue un gran consuelo para
la reina durante
esos años de humillaciones especialmente la noche
que, reunidos
ambos en uno de los salones del palacio en lo que parecía

una sesión más de astrología con su rutinario horóscopo,
Nostradamus ante una sorprendida reina predijo la cercana
muerte
del rey.

Michel de Nostradamus (1503-1566)

Una de las primeras ediciones de "Prophecies"

Tres años más tarde, un 22 de junio, París festejaba por todo lo alto
la boda por poderes de Isabel, la mayor de las hijas de Catalina, con
Felipe II de España. En uno de los torneos y ante el horror de todos
los presentes el rey Enrique es derribado por la lanza del conde de
Montgomery. La lanza le ha atravesado un ojo y la herida es mortal.
Nostradamus relacionado con el incidente a causa de la ya conocida
profecía es acusado de hechicería. Por suerte para él la reina que le
profesa auténtica devoción acude en su ayuda.
Quien no tiene tanta suerte es la pobre, y "viuda", Diana de Poitiers
que caída en desgracia es obligada por Catalina a abandonar el
fabuloso castillo
donde retozaba con su real amante.

Castillo de Chenonceau

Dormitorio de Catalina en Chenonceau

El "estudio verde" en el mismo castillo

Ahora reina su adolescente hijo Francisco y ya libre de toda
amenaza la feliz y poderosa reina madre no ve más preocupación
en el horizonte que el futuro de su numerosa prole. Dos de ellos
han muerto al
poco de nacer pero aún tiene ¡ocho más! por los que
preocuparse.
Impaciente por conocer su futuro la ambiciosa madre
no duda en
consultar el oráculo de Nostradamus.

Francisco II, muerto en 1560 a la temprana edad de 16 años.


Isabel de Valois, reina de España, fallecida en 1568 a los 24 años.

Nostradamus abrumado por la responsabilidad de la empresa inicia
su sesión con la predicción que Catalina, ni en sus mejores sueños,
hubiera imaginado:

"TODOS VUESTROS HIJOS REINARÁN O SERÁN CONSORTES
DE REYES".

La reina no pudiendo contener su emoción anima al mago para
que le cuente más. "Pero, un momento", reflexiona la reina en
un arranque de prudencia "¿no me estarás engatusando con
falsas promesas, verdad?" El cada vez más apesadumbrado mago
no pudiendo esconder su terror intenta zafarse de las presiones de
Catalina: "majestad, os lo ruego, no queráis saber más. Esto es
todo lo que debéis saber y os lo juro ante Dios nuestro Señor que
es la pura verdad. Pero, ahora, ¡dejadme marchar, os lo suplico!".
Catalina en un arranque de ira, sin duda heredado de su padre
Lorenzo, de un salto bloquea la puerta de la cámara mientras,
clavando su mirada en los ojos del cada vez más horrorizado Michel,
con atronadora voz exclama:
"¡hablad, por Dios, o juro por mi sangre que pagaréis con vuestra
vida por lo que le hicisteis a mi esposo!".
No había escapatoria. Nostradamus sabía por experiencia que
nadie en toda Francia sería capaz de contrariar a la reina Medici.
Resignado y derrotado regresa para ocupar de nuevo su asiento
junto a la chimenea.

Hubo un largo silencio que a la reina pareció que le helaba las
venas, tras el cual Michel, mirando fijamente el fuego que parecía
a cada momento más intenso, habló:

"TODOS VUESTROS HIJOS REINARÁN...PERO, UNO A UNO...
LOS VERÉIS MORIR"

Carlos IX, rey de Francia, muerto en 1574 a la edad de 24 años.


Claudia de Valois, duquesa de Lorena. Muere en 1575 a la edad de 28 años.


Francisco de alençon muere en 1584 con 29 años.

A Catalina se le paró el corazón. Cuando el augurio del astrólogo
le era favorable dudó de su sinceridad. Ahora que el abismo se
abría antes sus pies no le cabía la menor duda de que Michel
decía la verdad. Sin articular palabra bajó la cabeza en señal
de sumisión y sin mirar siquiera al mago abandonó el cuarto.

Catalina tenía razón en creer a Nostradamus. Poco a poco y
hasta el día
de su muerte acaecida en enero de 1589 vio como
sus más queridos
hijos iban desapareciendo. ¿Todos? Todos no,
Nostradamus en esto
se equivocó. Los dos más rebeldes, los que
más quebraderos de cabeza
ocasionaron a su madre en sus
últimos años le sobrevivieron, si bien Enrique la siguiría a la tumba
en
tan sólo unos meses.

Enrique III, rey de Francia, falleció en agosto de 1589 a los 38 años.



Sepulcro de Catalina y Enrique II en la basílica de San Denís



Margarita de Valois o Margarita de Navarra (1553-1615) tras su boda
con Enrique III, rey de esa bonita comunidad foral que tras renunciar
a sus creencias hugonotes (ya sabéis que "París bien vale una misa")
se convertiría en Enrique IV de Francia.


La reina Margot, como en el futuro sería conocida, protagonizaría
junto con su madre uno de los acontecimientos más terribles que
se hayan vivido en Europa en los últimos siglos y que acaeció un
24 de agosto de 1572.
Según la leyenda (negra, los franceses también la tienen) todas
las
desgracias que Catalina sufrió en vida y que parecían fruto
de una
terrible maldición eran consecuencia directa de su implicación
en este hecho.


Hoy hace exactamente 436 años de tan sanguinario suceso.
Hoy también es: SAN BARTOLOMÉ.
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