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jueves, 26 de enero de 2012

(131) LADIES: un paseo por la historia del retrato femenino

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Y como no es bueno que el hombre esté solo aquí llega la versión femenina de la historia del retrato:
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Músicas:

Dufay: "Je me complains piteusement" (Cantica Symphonia & Giuseppe Maletto)
Philippe Verdelot: "Con l'angelico riso" (The Hilliard Ensemble)
Monteverdi: "Altri canti d'amor", Libro VIII de madrigales (La Venexiana)
Vivaldi: "Juditha Triumphans: veni, me sequere fida" (Alessandro De Marchi; Academia Montis Regalis)
Mozart: "Adagio, quinteto KV 516" (Cuarteto Melos)
Schumann: "Cuarteto con piano Op. 47, andante cantabile" (Beaux Arts Trio / Rhodes / Bettelheim)
Rimski-Korsakov:"Ne veter, veya s visoti, Op.43/2" (Anna Netrebko & Daniel Barenboim)
Britten: "Les illuminations, op.18 - IIIb. Antique" (Silvia Mcnair & Seiji Ozawa)

viernes, 20 de enero de 2012

(130) GENTLEMEN: un paseo por la historia del retrato masculino

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Todo un largo fin de semana postrado en la cama víctima de un trancazo más que considerable me han permitido recuperar una de mis aficiones más queridas y que hacía tiempo que ya creía olvidada; vamos, un olvido similar al que padece mi querido Boccanegra.
Y es que el rebuscar por la red reproducciones de las grandes obras de la historia de la pintura -del retrato, en este caso, para ser más exactos- puede llegar a convertirse en toda una adicción; más aún si tenemos en cuenta el gran esfuerzo que han acometido muchos de los más famosos museos del mundo por poner todos sus fondos a nuestra disposición mediante reproducciones de gran calidad y definición. Merece la pena comprobarlo entrando en la magníficas páginas del Prado madrileño o del Metropolitan de Nueva York, por poner un ejemplo.
Hace unos años ya realicé un vídeo de similares características pero en esta ocasión creo que, con la incorporación de algunos nuevos retratos y con la sustitución de algunas reproducciones por otras de mejor calidad, el resultado final resulta bastante más atractivo. Además la inclusión de un último tramo con diversas creaciones pertenecientes al siglo XX y a las más rompedoras vanguardias con las que dicho siglo dio comienzo cubre el injusto olvido en el que el primer vídeo incurría.
Y, como no podía ser de otra forma, para ilustrar cada uno de los diferentes periodos he escogido algunos fragmentos de mis músicas preferidas y que, a mi modesto entender, potencian la belleza de muchas de estas obras maestras.
Espero que os guste y que lo disfrutéis tanto como Boccanegra ha disfrutado realizándolo.
Ah, y en breve -eso espero- la nueva versión femenina.
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Músicas:

Dufay, "Mon chier amy, qu'avés vous empensé", (Giuseppe Maletto & Cantica Symphonia)
Desprez, "Milles regretz" (Hilliard Ensemble)
Marenzio, "Solo e pensoso" (Claudio Cavina & La Venexiana)
Vivaldi, "Orlando furioso, Aria (Ruggiero) "Sol da te, mio dolce amore"
Mozart, "Cuarteto Kv. 465" (Quatuor Mosaïques)
Schubert, "Abendstern D806" (Anthony Rolfe-Johnson)
Schumann, "Herzeleid. op 107. nº 1" (Christine Schäfer)
Hahn, "L'heure exquise" (Susan Graham)
Webern, "Movement for String Trio, Op. post." (Emerson string quartet)



lunes, 4 de mayo de 2009

(92) CINCO SIGLOS DE RETRATOS

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Mientras dure esta maravillosa aventura del "Tristán", la última representación tendrá lugar el próximo 31 de mayo, me temo que el pobre Boccanegra no va a tener mucho tiempo para renovar sus contenidos. Habrá que reciclar.
Hace casi dos años, cuando aún no tenía ni idea de lo que era un blog, y con mi flamante "Mac" recién comprado, me aventuré a probar dos de los programas incluidos, el iPhoto y el GarageBand, realizando este par de vídeos sobre la evolución del retrato en la Historia del Arte. Pasados los meses los he vuelto a revisar y, modestia aparte, comprobando con cierta vanidad que no estaban tan mal, creo que ha llegado el momento de incluirlos en el blog.
La idea inicial era la de hacer un repaso por la historia del vestido desde el renacimiento hasta la actualidad. Es por tanto éste, y no otro, el motivo por el cual alguno pueda echar en falta algún retrato que otro de mayor importancia y significado en la historia del arte que muchos de los que aquí incluyo.
La numerosa sucesión de retratos, y como no podía ser de otra forma, en ambos vídeos va acompañada por diversos fragmentos musicales más o menos acordes con el periodo histórico que ilustran. No se puede negar que la selección es una viva muestra de mi música preferida aunque, sobre todo en el caso del "Retrato masculino", se me haya ido un tanto la mano con mis inclinaciones más melancólicas. Era otoño, creo.
Espero que os gusten.

EL RETRATO FEMENINO

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EL RETRATO MASCULINO

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domingo, 30 de noviembre de 2008

(64) LA INFANTA Y EL PINTOR

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Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (1599-1660)
Autorretrato (1640), Museo de BBAA, Valencia


Las desastrosas consecuencias que los endogámicos acuerdos matrimoniales iniciados por los Reyes Católicos en el siglo XVI, véase entrada (27) UN ASUNTO DE FAMILIA, parece ser que no sirvieron de escarmiento alguno a la casa de Austria. Muy al contrario, a lo largo de todo el siglo XVII, la política matrimonial continuó con tan insana costumbre a pesar de las evidentes muestras de degeneración que, a menudo, en algunos de sus miembros se iban presentando.

Felipe IV (1655)

En 1649 el rey Felipe IV avanzaba un paso más en esta disparatada carrera contrayendo matrimonio con su sobrina, Mariana de Austria, una vez que ésta quedó libre del compromiso con su primo, el príncipe Baltasar Carlos, tras su temprana muerte en 1646.

Mariana de Austria (1652)

Por tanto, no es de extrañar que de los seis hijos habidos en el matrimonio cuatro murieran antes de cumplir los cuatro años de edad. De los otros dos, uno de los que alcanzaron la juventud, Carlos, sería conocido, ni más ni menos, con el sobrenombre de "el Hechizado", y aunque llegaría a reinar, eso sí, enfermo, falto de entendederas y estéril, llevaría desde entonces y ante la Historia el "honor" de haber acabado con la dinastía de la casa de Austria.

El príncipe Carlos (1661-1700), futuro Carlos II, a la edad de diez años.
Juan Carreño de Miranda (1671)

Sin embargo, la primogénita, una preciosa niña de ojos azules y cabello dorado, aparentemente, parecía que quedaría libre de la maldición que se cernía sobre el resto de sus hermanos.

Infanta Margarita (1654). Kunsthistoriches Museum, Viena

Nada más nacer y tentando de nuevo a la suerte, la pequeña infanta fue prometida en matrimonio a su tío, el futuro emperador de Austria, Leopoldo I. A falta de facebook la única forma de informar a la corte austriaca del aspecto físico de Margarita y de sus cambios con el paso de los años era mediante el retrato. Sólo la corte española podía permitirse el lujo de contar para tal cometido con un artista de la categoría de Velázquez que recién llegado de su segundo viaje por Italia, y tras dos años de ausencia, pondría en este cuadro mucho de lo visto y aprendido en tierras transalpinas. El primer retrato enviado a Viena nos muestra a la infanta con tan sólo tres años de edad. Lo que en manos de cualquier otro artista hubiera sido el inicio de una rutinaria serie de encargos en las manos del artista sevillano se convierte en una colección de magníficos retratos que, sin duda alguna, se encuentran entre lo mejor de su producción.

Velázquez, que por entonces contaba 55 años de edad, enfila la última etapa de su carrera. Este encantador retrato, quizá el mejor de todos los dedicados a la infanta, nos da una idea de la prodigiosa técnica alcanzada por el pintor en los últimos años de su vida y que nos hace recordar las palabras de Moratín referidas a ese otro gran pintor español en sus últimos años: "Goya, pinta que se las pela, sin querer corregir nada de lo que pinta". Basta para corroborar esta afirmación con contemplar ese milagro de pintura que se encierra en el sencillo jarrón de cristal situado sobre la mesa y que nos recuerda de forma inevitable a los maestros impresionistas que aún tardarían en llegar doscientos cincuenta años.

Infanta Margarita (1654). Museo del Louvre, París

En esta ocasión la destinataria del retrato es la reina de Francia, esposa de Luis XIII y hermana de Felipe IV, Ana de Austria. De diminutas dimensiones la autoría del cuadro es hoy en día discutida por algunos expertos que ven más presencia del taller del pintor, en especial de su yerno Martínez del Mazo, que del pincel del propio Velázquez (Más sobre esta cuestión AQUÍ). Polémicas aparte lo cierto es que el cuadro es una de las joyas más apreciadas del museo y cuenta con una curiosa leyenda según la cual Degas y Manet se habrían conocido en el Louvre mientras admiraban extasiados el cuadro del pintor sevillano. En la parte superior se puede apreciar los restos del nombre de la infanta añadido un día en letras de oro y retirado tras la reciente restauración.

Las Meninas (1656). Museo del Prado



Dos años más tarde la infanta protagonizaría el cuadro más famoso de su autor y una de las obras más geniales de toda la cultura occidental. Hablar de las virtudes de este gigantesco lienzo no viene ahora al caso, quizá en una próxima entrada. Tan sólo me gustaría llamar la atención acerca del cariño que el pintor debía sentir por esta niña para hacerla protagonista una vez más, y esta vez sin encargo de por medio alguno, de su obra más ambiciosa.



La Infanta Margarita (1656) Kunsthistorische Museum, Viena

Por la misma época en que Velázquez pintaba "Las Meninas" debió trabajar en este lienzo que, de nuevo, tenía como destino la corte vienesa. En este retrato la infanta, que por entonces contaba con cinco años, viste ya el guardainfante tan de moda en la corte española de entonces y en unos tonos similares al que aparece en "Las Meninas".

La Infanta Margarita en azul (1659) Kunsthistorische Museum, Viena

Un año antes de su muerte Velázquez plasmará una vez más, y ya veremos si es la última, a la infanta española a la edad de ocho años. Para esta ocasión Margarita viste un traje azul oscuro y plateado que permite al artista todo un despliegue de su virtuosismo técnico con unas pocas pinceladas. Si la plasmación de las distintas texturas en rostro, traje, mangas y manguito es soberbia no lo es menos la portentosa capacidad de Velázquez para conseguir los distintos volúmenes gracias a su peculiar tratamiento de las luces y dotar a toda la obra de la profundidad espacial tan característica del pintor.

La infanta Margarita (1660). Museo del Prado
Considerada, hasta hace pocos años, como la obra maestra de la técnica pictórica de Velázquez y su canto del cisne, sin embargo hoy en día, y siempre según los expertos, nada hace suponer que el pintor sevillano tuviera algo que ver en su realización. Obra, en un principio, iniciada por Velázquez se pensó durante años que fue terminada por su yerno y discípulo Juan Bautista Martínez del Mazo (1605-1667) a quién se debería la autoría tan sólo del rostro y del cortinaje carmesí del fondo. Sin embargo, difícilmente podría el taller finalizar una obra con el rostro del retratado cuando ésta era la parte del cuadro por donde siempre comenzaba, al igual que la mayoría de los pintores, el artista andaluz. Según otras versiones lo que en realidad hizo del Mazo fue retocar el rostro de la infanta que tras la muerte de Velázquez y al haber quedado la obra tanto tiempo detenida había cambiado sensiblemente de fisonomía. En realidad, y fuera quien fuese su autor, el retrato nunca fue enviado a Viena mandándose una copia, obra de Martínez del Mazo, de dimensiones más modestas cuatro años más tarde. El retrato, motivo de admiración por razones evidentes por todos los impresionistas, es de un impacto visual realmente fascinante y demuestra, si es cierto lo infundado de la autoría velazqueña, hasta que punto las maneras del maestro habían calado en su discípulo.

Juan Bautista Martínez del Mazo (1605-1667)
La infanta Margarita de luto (1666), Museo del Prado


Un año antes de partir para Austria y convertirse, por fin, en esposa de Leopoldo I, el rey Felipe IV fallece. Esta será la última ocasión en que la infanta sea retratada como tal y en suelo español.
Viendo la sobriedad y factura del cuadro de Martínez del Mazo, y comparándolo con el despliegue cromático y técnico del retrato de 1660, parece difícil creer que hayan sido realizados por la misma mano, pero si los entendidos lo dicen...

La infanta Margarita (1662-1664). Autor desconocido.
Kunsthistorische Museum, Viena


La infanta Margarita (1665). Gerard du Chateau(?).
Kunsthistorische Museum, Viena

Tras la muerte de Velázquez la infanta continuó siendo retratada por otros artistas. Nada como estas obras, de relativa calidad, para apreciar en su justa medida el valor de los retratos de Velázquez.

Leopoldo I (1640-1705). Benjamin von Block (1672).
Kunsthistorische Museum, Viena

El emperador Leopoldo I con vestimenta de teatro (1667). Jan Thomas
Kunsthistorische Museum, Viena

La emperatriz Margarita con vestimenta de teatro (1667). Jan Thomas
Kunsthistorische Museum, Viena

Huérfana de padre y de retratista la infanta llega en 1666, con tan sólo quince años, a la corte de los Habsburgo para convertirse en emperatriz del Sacro Imperio Romano Germánico. Es difícil imaginar los sentimientos de una joven adolescente que abandona su casa para casarse con su tío, once años mayor que ella y no muy agraciado físicamente, en un país extraño y a cientos de kilómetros de su hogar. Sin embargo, nada de melodramático hay en esta historia. Por lo visto el emperador Leopoldo I debió ser un tipo de lo más divertido. Para comprobarlo no hay más que ver los retratos que, al poco tiempo de la boda, se hicieron ambos monarcas con los trajes que habitualmente se empleaban en el teatro y en la incipiente ópera, espectáculos a los que ambos eran muy aficionados, para comprender el ambiente que reinaba en la corte vienesa tan diferente del más austero de la corte de los austrías españoles.
Sin embargo, poco duraría la felicidad de la imperial pareja. En 1673, y tras las complicaciones surgidas en su cuarto alumbramiento, fallecía Margarita a la temprana edad de veintidós años. Todos sus hijos morirían al poco de nacer. Tan sólo la segunda, Maria Antonia de Austria, llegaría a la "madurez" para morir, también de sobreparto, con la misma edad que su madre.

jueves, 23 de octubre de 2008

(55) JOHN EVERETT MILLAIS

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John Everett Millais (1829-1896), autorretrato (1880)


Cuando en agosto publiqué la entrada (37) HERZELEID acompañé la maravillosa canción de Schumann dedicada a Ofelia con el cuadro, como no podía ser de otra manera, que en 1852 y con el mismo asunto pintara Millais. Ya han pasado dos meses de aquello y como sé que a más de uno le encantó la pintura me gustaría que repasarais conmigo algo más de la obra del artista británico.
John Everett Millais (1829-1896) pintor e ilustrador, padre y fundador de la hermandad Prerrafaelita en 1848 y artista de gran precocidad que fue admitido en la Royal Academy con tan sólo once años, enmarca su obra entre movimientos tan dispares como pueden ser el academicismo de la primera mitad del siglo XIX, el decadentismo de finales de siglo, el simbolismo y el impresionismo. Pintor de indudable calidad y talento mantiene en algunas de sus obras un, a veces, arriesgado equilibrio entre la poesía más delicada y un cierto sentimentalismo propio de la época victoriana que le valieron en más de una ocasión la incomprensión entre alguno de sus contemporáneos cuando no el descrédito de muchos artistas posteriores.



BUSCANDO NUEVOS ARGUMENTOS

A mediados del siglo XIX en una Inglaterra inmersa en plena revolución industrial y en donde triunfaba la crítica social de las novelas por entregas de Charles Dickens los asuntos relacionados con la mitología o con la antigüedad clásica ya no resultaban atractivos para casi nadie. Millies consciente de los nuevos tiempos que la pintura estaba viviendo comienza a buscar la inspiración para sus nuevas obras en situaciones concretas dotadas de una fuerte carga sentimental y relacionadas con algún acontecimiento de la reciente historia de Europa.

El proscrito realista, 1651 (1853)
En este cuadro utiliza como excusa la rebelión del parlamento contra Carlos I liderada por Oliver Cromwell y que enfrentó durante años (1642-1659) a realistas y parlamentarios.

El hugonote (1852)
La utilización por parte de los pintores prerrafaelitas de personajes y temas de claro contenido católico puso en su contra a muchos defensores de la ortodoxia anglicana. Suponemos que muchos de ellos verían con mejores ojos esta evocación de Millais donde dos amantes, uno de ellos hugonote (protestante en el entorno francés), han de separarse debido a sus diferencias religiosas. La escena, basada en la ópera "los hugonotes" de Meyerbeer, tiene lugar en 1572, la víspera de la famosa noche de San Bartolomé. La católica Valentine intenta proteger a su amado Raoul con un brazalete blanco, distintivo de los católicos, que éste rechaza. Esa misma noche ambos morirán en la matanza.

The Black Brunswicker (1860)
El éxito del cuadro anterior llevo a Millais años después a realizar una nueva obra con una disposición similar y que el propio pintor consideraba "el perfecto pendant" para "el hugonote". Los Black Brunswicker eran un cuerpo de voluntarios creado por el Duque de Brunswick-Wolfenbüttel y que participaron en 1815 en la batalla de Quatre-Bras, preludio de la de Waterloo, contra las tropas de Napoleón. El desastre para el ejército del pequeño estado alemán fue total pereciendo gran parte de la tropa así como un gran número de los oficiales. En el cuadro Millais plasma el momento en que la mujer intenta impedir el paso de su amante hacia lo que ella cree una muerte segura. Para completar la composición el pintor incluye colgando de la pared un grabado de Napoleón reproducción del famoso cuadro de David que ya todos conocéis. Como última curiosidad indicar que la modelo que posó para la figura femenina fue una hija de Charles Dickens.

Dos estudios preparatorios del cuadro



DOS OBRAS MAESTRAS


La muerte de Ofelia (1852)

A continuación me gustaría detenerme en dos cuadros, quizá las obras más logradas de su autor y que gozan, con toda justicia, de una gran popularidad.
En este primer cuadro podemos observar con claridad el gusto del pintor por integrar la naturaleza en todas sus obras, método que sería posteriormente conocido por algunos estudiosos como "ecosistema pictórico". Para ello Millais realizaba en una primera fase todos elementos integrantes del paisaje directamente en su entorno natural para posteriormente, en una segunda fase, realizar la figura del personaje protagonista con el modelo y dentro de su estudio. Su obsesión por la fidelidad y exactitud en el paisaje le hizo pasar cuatro meses cerca del río Hogsmill, en Surrey (Inglaterra), trabajando en el fondo. Además es curiosa la inclusión de diversas flores que en el lenguaje victoriano tenían una clara simbología. Entre otras flores aparecen pensamientos (amor no correspondido), violetas (fidelidad), ortigas (dolor), margaritas (inocencia), ojos de perdiz (tristeza), nomeolvides y amapolas (muerte). Esta última asociación también se sugiere con la silueta de una calavera recortada en el follaje de la derecha.


Boceto a lápiz preparatorio para el cuadro de "Ofelia".


Como anécdota podemos añadir que en esta ocasión la pobre modelo enfermó de tantas horas como tuvo que pasar posando en la bañera que a tal efecto Millais había aclimatado con unas lámparas, como se aprecia en la imagen, y que no siempre mantenían el agua a la temperatura adecuada.

Dante Gabriel Rosetti: "Beata Beatrix", circa 1864-70.

La sufrida modelo, que por cierto nunca más trabajaría para Millais, no era otra que una de las dependientas de una sombrerería londinense y que a partir del cuadro de Ofelia se convertiría en una de las musas preferidas del movimiento Prerrafaelita, Elizabeth Siddall. De entre todos los pintores para los que posó uno de ellos, Dante Gabriel Rosetti, llegaría a convertirse primero en su amante y en 1860 en su marido. Los dos años que duró el tempestuoso matrimonio terminaron de la peor manera posible con la muerte de Elizabeth en 1862 por una sobredosis de láudano. En este retrato, comenzado tras su muerte, Rosetti rinde homenaje a su mujer como una nueva Beatriz y a él mismo como a un nuevo Dante.


La muchacha ciega (1856)

Esta segunda obra maestra de Millais nos ofrece una vez más un magnífico resumen de los principales elementos que podemos encontrar en la mayoría de los cuadros del pintor inglés. De nuevo un asombroso entorno natural, las afueras de Winchelsea, población que se distingue al fondo, nos sirve para enmarcar el drama de estas dos hermanas que junto a su concertina recorren los pueblos del sur de Inglaterra.

En esta ocasión Millais nos invita a acercarnos y a emocionarnos con su pintura pero bajo distintos puntos de vista. La primera interpretación que podemos hacer de la obra enlaza directamente con la antigua tradición europea de representar los cinco sentidos. El oído estaría representado en la música del pequeño acordeón mientras que el olor del campo tras la tormenta que acaba de pasar, al igual que la flor que sostiene la hermana menor, haría alusión al sentido del olfato. El tacto es representado por las manos entrelazadas de las dos hermanas y sobre todo por la confortable sensación que el calor del sol provoca sobre el rostro de la protagonista. El último de los sentidos, auténtico protagonista del cuadro, es el que nos produce la emoción definitiva y creo, sin duda alguna, que representa la auténtica intención del autor al realizar la obra: el esplendor y la belleza que alcanza la naturaleza contrastando de forma dramática con la desgracia de no poder disfrutar visualmente de este grandioso espectáculo.

Si observamos con detenimiento a la mayor de las hermanas podemos descubrir bajo su cuello un letrero donde se lee: "Pity the blind"

EL AMIGO DE LOS PRERRAFAELITAS
Euphemia (Effie) Gray Ruskin, más tarde señora de Millais (1853)

Numerosos fueron los ataques que desde la crítica recibieron los prerrafaelitas. Sin embargo, muchos de los intelectuales de la época viendo en este nuevo estilo una forma de regenerar un arte que parecía estancado apoyaron el movimiento desde un principio. Entre éstos Millais y sus colegas encontraron la simpatía incondicional del escritor John Ruskin.

John Ruskin pintado por Millais en 1854

La relación entre el pintor y el poeta incluía a la mujer de este último, Effie, que incluso llegó a posar para el amigo de su marido en el retrato que veíamos arriba y en uno de los primeros cuadros acogidos con cierto entusiasmo por la crítica en 1853: The Order of Release, 1746.


El desastroso matrimonio de Ruskin, que nunca llegó a consumarse, fue anulado en 1854 permitiendo al pintor y a su modelo, que para entonces ya se habían convertido en amantes, contraer matrimonio en 1855.

Fotografía de Millais con su mujer, Effie Gray, y dos de sus hijos (1860)


EL RETRATO

La dama de honor (1851)

John Campbell, marqués de Lorne (1880).
Casado en 1871 con la princesa Luisa, hija de la reina Victoria, y Gobernador General de Canadá.


Louise Jopling (1843-1933) retrato de 1879.

Louis Jopling fue una de las pintoras más importantes de la Inglaterra de finales de siglo XIX así como una figura fundamental en los círculos artísticos y literarios de este periodo. Este exquisito retrato de ligero trazo, realizado en tan sólo cinco sesiones, y en el que podemos ver una clara influencia velazqueña, el pintor favorito de Millais, causó una gran sensación en 1880 cuando expuesto en la galería Grosvenor fue aclamado por la crítica y por su colega Whistler que lo definió como "un soberbio retrato" y como "una gran obra". Los densos y ricos fondos paisajísticos dan paso en este nuevo estilo a un sencillo y neutro fondo color tierra sobre el que destaca la delicadeza del detalle floral del vestido de pincelada casi impresionista y que nos permite centrar toda nuestra atención en el rostro de la modelo de fuerte e independiente personalidad pero, al mismo tiempo, de indudable encanto.

Retrato de Lily Langtry (1878)

Un recuerdo a Velázquez (1867)
Un nuevo ejemplo de la admiración y el aprecio por la obra del pintor sevillano.


Las tres hijas del pintor en 1868

Retrato de su hijo George poco antes de su temprana muerte en 1878.

Charles Liddel (1873)


La actriz Kate Dolan como "Portia", la protagonista del Mercader de Venecia (1886)

Mary Chamberlain (1891)

NOTA: recién terminada la entrada me he enterado de la exposición que la Tate Gallery ha inaugurado como homenaje a los prerrafaelitas. En este artículo de EL PAÍS encontraréis una amplia información sobre la exposición y sobre la hermandad.
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