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sábado, 9 de octubre de 2010

(120) BOCCALIEDER I (Disco rojo): una selección de canciones para el otoño

Los primeros chaparrones que te pillan en plena calle sin paraguas; algo de abrigo que uno se niega a vestir intentando negar lo inevitable; atardeceres que día a día aceleran su paso; la mantita que nos busca, casi sin que nos demos cuenta, en las tardes televisivas de domingo; ventanas que ya no quieren abrirse. En definitiva: la hora del bajón otoñal ya está aquí. Y con las defensas por los suelos también llega la hora de las múltiples enfermedades que, tanto para el cuerpo como para el alma, comienzan a apoderarse de cada uno; males que, en mi caso, se apoderan de mi espíritu en forma de una mustia melancolía que, a pesar de lo repentino del cambio estacional, la experiencia sabe tranquilizar alertándome de lo inútil de toda resistencia y aconsejándome el total abandono. Ya sabéis: si no puedes vencerlos, únete a ellos.
No resulta por tanto difícil de entender que este otoño me haya sorprendido recordando viejas canciones y, con todos los nuevos medios ahora disponibles (Spotify, YouTube, blogs), rebuscando por la red diferentes versiones de mis lieder favoritos. Ahora, después de haber hecho una pequeña selección, las traigo al blog para compartirlas con todos vosotros. La mayoría de ellas me han acompañado desde hace mucho tiempo y muchas ya han sido protagonistas de alguna que otra entrada en Boccanegra. Todas comparten ese carácter íntimo propio del Lied pero, en este caso, acentuando su lado más melancólico. Advertencia muy importante: escuchadas todas estas canciones de un tirón los efectos secundarios pueden llegar a ser peligrosos y no respondo de las consecuencias si algún incauto, en avanzado estado depresivo-otoñal, abusa de ellas ingiriendo más dosis de las debidas.


BOCCALIEDER, DISCO ROJO


Si esa dulce tristeza que llamamos melancolía baña por igual todas las canciones incluidas en este blog la variedad en la procedencia de todas ellas está bastante más acentuada. Evidentemente, como no podía ser de otra forma, la mayor parte pertenecen al entorno alemán aunque, incluso entre estas quince canciones, podemos encontrar muy diferentes intenciones.
Para ello bastaría con comparar la exquisita contención y sencillez de un Hugo Wolf (12-WOLF: Italianische Liederbuch - "Auch Kleine Dinge") con la trascendental profundidad de Mahler (23-MAHLER: Ich bin der Welt abhanden gekommen); o el ensimismamiento schubertiano (5-SCHUBERT: Abendstern D806 (Mayrhofer)) y la contemplación schumanniana (1-SCHUMANN: Mondnacht OP 39/5) con la apasionada teatralidad de Strauss (10-STRAUSS: Allerseelen, Op. 10/8).

Tampoco podía faltar en esta selección una buena muestra de canciones de autores rusos. En este sector, como era de esperar, es donde viviremos las músicas más arrebatadas y donde la pasión se desborda a cada compás. Desde la nostálgica música de Rajmaninov, llene de un marcado sabor popular (3-RAJMANINOV : Song Op.4 No.4: Ne Poy, Krasavitsa), hasta el delirio casi enfermizo del último Chaikovski (9-CHAIKOVSKI: Nochy bezumniye, Op. 60/6). Tan sólo la dulce melodía de Rimski-Korsakov (6-RIMSKI-KORSAKOV: Ne veter, veya s visoti, Op.43/2) nos devuelve al apacible mundo del Lied alemán.
El aspecto más amable del mundo de la canción, la mélodie francesa, llega de la mano de dos de sus representantes más conocidos: Reynaldo Hahn (14-HAHN : L'Heure exquise) y Francis Poulenc (17-POULENC: Métamorphoses -C'est ainsi que tu es).
Uno de los aspectos decisivos para la completa apreciación de una canción es el texto. Muchas de estas canciones ya han aparecido en el blog y si pincháis sobre cada título encontraréis, entre otras cosas, el texto y su correspondiente traducción.
No menor número de diferencias encontramos en el tratamiento que cada uno de los compositores hace del piano, el tercer gran protagonista del Lied, junto a la voz y a la letra. Aquí los extremos se magnifican desde la contención casi religiosa (4-GRIEG: 12 Melodies After Poems By Vinje, Op. 33 - 2. Våren (Primavera)) del himno a la primavera de Grieg, en el que el acompañamiento se ve reducido a una serie de simples acordes, hasta, una vez más, el desmelene virtuosístico de carácter casi concertístico de Chaikovski (20-CHAIKOVSKI: Den li Tzarit, Op. 47/6) sin olvidar el encantador y bachiano piano de Reynaldo Hahn (2-HAHN: A Chloris). A destacar los maravillosos acompañamientos de aquellos compositores que más vinculación han tenido con el piano: Schumann (22-SCHUMANN: Ihre Stimme Op 96/3), por elegir una; Brahms (11-BRAHMS: Meine Lieder, Op. 106 Nr. 4: "Wenn Mein Herz Beginnt"); o Rajmaninov (15-RAJMANINOV: Zdes' Khorosho, Op.21 No.7).



Puede que alguno quiera reprocharme que en las canciones se abuse de ese marcado carácter melancólico y que el resultado, en su conjunto, aparezca demasiado homogéneo y falto de contraste. No seré yo el que lo niegue aunque, como defensa, vuelvo a repetir que ha sido el otoño el que me ha puesto en este estado y que, tan solo a él, habría que pedir explicaciones por todo esto. Pero que nadie se preocupe que en breve una nueva entrada hará aparición en este blog donde se podrá descargar el antídoto: BOCCALIEDER, DISCO NEGRO. Pero eso será dentro de unas semanas. Ahora dejemos que todo nuestro ser se abandone a la nostalgia, a la melancolía, al otoño.

sábado, 30 de enero de 2010

(109) ROBERT SCHUMANN: IN DER FREMDE. LEJOS DEL HOGAR.

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Caspar David Friedrich: "Río entre montañas" (1830)


LEJOS DEL HOGAR



Aus der Heimat hinter den Blitzen rot
De mi tierra natal entre rojizos relámpagos
Da kommen die Wolken her,
Hasta mí llegan las nubes,
Aber Vater und Mutter sind lange tot,
Pero papá y mamá hace tiempo que murieron,
Es kennt mich dort Keiner mehr.
Y nadie me conoce aquí.


Wie bald, Ach, wie bald kommt die stille Zeit,
Pronto, ay, muy pronto llegarán esos apacibles días
Da ruhe ich auch, und über mir
Cuando también pueda descansar, cuando junto a mí
Rauscht die schöne Waldeinsamkeit,
Sienta el susurro de la hermosa soledad del bosque,
Und keiner kennt mich mehr hier.
Y ya nadie sabrá más de mí.




En la primavera de 1840 las disputas entre Robert Schumann y aquel que con posterioridad, y muy a su pesar, terminaría siendo su suegro, Friedrich Wieck, habían llegado hasta los tribunales, no siendo hasta septiembre del mismo año cuando, tras la sentencia favorable, el ansiado matrimonio entre Robert y Clara podría, por fin, llevarse a cabo.
Entre tanto la creatividad del compositor no sólo no se verá afectada por este desagradable contratiempo sino que se mostrará más fecunda y productiva que nunca. A lo largo de todo este año más de 150 canciones saldrán de su pluma, muchas de ellas formando parte de algunos de sus ciclos más famosos: el Liederkreis Op. 24 (con textos de Heine), “Myrthen” Op. 25, “Amor y vida de mujer”, Op.42, “Dichterliebe”, Op. 48, etc.
Una de las composiciones más logradas durante todo este “annus mirabilis”, como será conocido con posterioridad, es, sin duda alguna, el ciclo de canciones que, empleando una selección de poemas de Joseph von Eichendorff, verá la luz durante los meses de abril y mayo, y que serán publicados posteriormente como Liederkreis Op. 39.


Joseph von Eichendorff (1788-1857)


De entre todas las joyas que forman este ciclo he seleccionado la que sigue siendo una de mis canciones preferidas de toda la producción schumanniana: “In der fremde”.
Escrita en la desolada tonalidad de fa# menor la triste linea de canto sirve de modo ejemplar a los desesperanzados versos de Eichendorff. En apenas dos minutos todas las esencias del romanticismo alemán, la añoranza de la tierra perdida, la ausencia del ser amado, el amor por la naturaleza y la visión de la muerte como fuente de paz se dan cita en este asombroso ejemplo de concreción artística.
No nos sorprende, por lo tanto, que tras finalizar la composición del ciclo, el 22 de mayo de este mismo año, Schumann confesara por carta a su amada Clara que “hay mucho de ti en ellas” y que el compositor siempre considerara esta música como la más romántica que hasta entonces había compuesto.

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viernes, 24 de abril de 2009

(91) IM WUNDERSCHÖNEN MONAT MAI

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Heinrich Heine en 1827



Im wunderschönen Monat Mai,
En el maravilloso mes de mayo,
Als alle Knospen sprangen,
Cuando todo brote florece,
Da ist in meinem Herzen
También mi corazón
Die Liebe aufgegangen.
De amor reverdece.

Im wunderschönen Monat Mai,
En el maravilloso mes de mayo,
Als alle Vögel sangen,
Como los pájaros cantan,
Da hab' ich ihr gestanden
Así yo le confesé
Mein Sehnen und Verlangen.
Mis deseos y mis ansias.



Robert Schumann en 1839.
Litografía de Joseph Kriehuber



Pues resulta que yo estaba deseando que llegará mayo para poder hablar de esta maravillosa miniatura de Schumann, con la que se inicia su ciclo "Dichterliebe", Op. 48, e incluirla en mi selección de canciones, cuando -¡mira tú por dónde!- a los de la ROSS no se les ocurre otra cosa que contar conmigo para el "Tristán" que se va a representar en el Maestranza a finales de mayo y con el que se cierra la temporada operística.
De una de las canciones más sencillas e íntimas de todo el repertorio liederístico a la más apasionada, vehemente y transgresora de las óperas, si es que el drama de don Ricardo puede ser considerado como tal, compuestas en el siglo XIX: la contención del piano de Schumann frente a la exuberante orquesta wagneriana.
Y es que resulta bastante interesante comparar como dos compositores tan próximos en el tiempo y en el espacio son capaces de reflejar, a través de géneros, formas y medios tan diferentes, la pasión amorosa.
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Tres versiones del lied de Schumann

- De entre toda la multitud de grabaciones existentes, quizá el ciclo más interpretado de todos los compuestos por Schumann, me quedo con esta aterciopelada creación de un sensacional Matthias Goerne con Ashkenazy al piano.
- En segundo lugar, una curiosidad: la versión original de esta canción, tal y como aparece en el primer manuscrito ,interpretada por Thomas Hampson y Wolfgang Sawallisch.

- Para terminar, de la voz de barítono a la del tenor Ian Bostridge con Julius Drake al piano.


Pero, las bromas del destino no terminan aquí: hoy he recibido una invitación de la mismísima Filarmónica de Berlín en mi página del YouTube, no para tocar, claro está, sino para suscribirme a la que recientemente ha creado la orquesta alemana. Cuál no habrá sido mi sorpresa cuando al pinchar el enlace comenzó a sonar lo que sigue:
(un consejo: ampliad la imagen y seleccionad la opcion de alta definición-HD)

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Mein Gott! No sé si voy a poder soportar semejante subidón.
En verdad que éste promete ser todo un "Wunderschönen Monat Mai".

Por cierto, no os perdáis toda la página, merece la pena. Como, por ejemplo, este otro fragmento. En esta ocasión, después de Schumann y Wagner, nada mejor que un poco de Brahms ¿Se puede pedir más?:
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¿La mejor orquesta del mundo? Por un poco más de 9€ lo podéis comprobar a través de las retransmisiones vía internet que desde hace poco la propia orquesta facilita desde su flamante página web:

DIGITAL CONCERT HALL

¡Cómo son estos alemanes!

jueves, 4 de septiembre de 2008

(41) MEIN HERZ IST SCHWER!

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En la década de los cuarenta del siglo XIX la ciudad
de Leipzig vivió un auténtico resurgir musical de la
mano de figuras tan importantes como la de Félix
Mendelssohn, que haría de la renovada orquesta de
la Gewandhaus una de las mejores de Europa, o la
del violinista concertino de la misma Ferdinand David,
dedicatario de su famoso concierto en mi menor.
Es precisamente esta orquesta la que en 1841 estrenaría
la primera sinfonía de Robert Schumann, por supuesto
bajo la batuta de su gran colega y amigo Mendelssohn.
Tanto Mendelssohn como David pertenecían a importantes
familias de larga tradición judia que debido al creciente y
generalizado antisemitismo que se iba imponiendo por toda
Europa buscaron en la conversión a la fe cristiana la única
vía posible de acceso a ciertos sectores de la administración
y de la vida pública del momento.
A pesar de estas "deserciones" a mediados del siglo XIX
la comunidad judía de Leipzig se encontraba en pleno
auge: empresarios, científicos, mecenas y artistas de todo
tipo integraban la comunidad más numerosa de Sajonia
y una de las más numerosas de toda Alemania. En 1929
el conjunto de judíos en Leipzig alcanzaba la cifra de
14.000 habitantes de un censo total de unos 600.000
aproximadamente. A partir del año 1933 la barbarie y el
fanatismo asesinaría a la mayoría de ellos salvo a unos
pocos privilegiados que encontraron en el exilio su salvación.
Una vez finalizada la guerra en 1945 la comunidad había
quedado reducida a tan sólo veintidós miembros.




Mein Herz ist schwer!
¡Mi corazón está en tinieblas!
Auf! Von der Wand die Laute,-

¡Vamos! Toma el laud de la pared,

Nur sie allein mag ich noch hören,
Es lo único que aún puedo oir,
Entlocke mit geschickter Hand
Arranca con diestra mano
Ihr Töne, die das Herz betören.
Los sonidos, que al corazón seducen.
Kann noch mein Herz ein Hoffen nähren,
Aún puede mi alma alimentar una esperanza,
Es zaubert diese Töne her,
Tan encantadores son esos sonidos,

Und birgt mein trocknes Auge Zähren,
Y si las lágrimas asoman por mis ojos,

Sie fließen, und mich brennt's nicht mehr!
¡Qué corran, y así dejarán de abrasarme!


Nur tief sei, wild der Töne Fluß,

¡Que sólo sea una melodía profunda y salvaje,

Und von der Freude weggekehret!
Y carente de toda alegría!
Ja, Sänger, daß ich weinen muß,

Sí, cantor, tengo que llorar,
Sonst wird das schwere Herz verzehret!

¡Si no este negro corazón se consumirá!

Denn sieh! Von Kummer ward's genähret,
¡Mira! Entre aflicciones fue criado,
Mit stummen Wachen trug es lang,
Fue un largo padecer en callado desvelo,
Und jetzt vom Äußersten belehret,
Y ahora consciente de su desgracia,

Da brech es oder heil im Sang.
Sólo el canto puede sanarlo o romperlo.


DESCARGA "Aus den Hebraeische Gesängen"
(Ian Bostridge/Graham Johnson)


DESCARGA PARTITURA "MYRTEN" Op. 25

George Gordon (Lord) Byron (1788-1824)

Las “Melodías hebreas” escritas por Lord Byron en
1815 y basadas en textos del Antiguo Testamento
pronto se hicieron populares en toda Europa. Como
ocurriera con el texto de Goethe al poco de su aparición
ya corrían por todo el continente traducciones del poema
en distintas lenguas. Schumann se sirve en esta ocasión
de la versión del poeta Karl Julius körner (1783-1873) para
su lied incluido dentro del ciclo “Myrten” y publicado
en Leipzig en 1840 como opus 25 (nº 15).
De entre todo el ciclo, que por cierto regaló a Clara con
motivo de su reciente matrimonio, está canción es sin
duda la más importante y conmovedora de todas.
El lamento del rey Saul rogándole al joven pastor David
que consuele su espíritu tocando el laud es descrito ya
desde la misma introducción del piano, gracias al
cromatismo de las primeras corcheas, con una tristeza
no exenta de cierto exotismo donde los “sforzandi” de la
mano derecha se clavan como auténticos dardos.
Maravilloso resulta el contraste del recitado del tenor en
mi menor y la luminosa entrada del cantabile ahora en la
tonalidad de Mi mayor justo en el momento en el que
oímos: “Aún puede mi alma alimentar una esperanza”.
La segunda estrofa comienza con la misma introducción
que al principio dando paso en otra bellísima modulación
a un nuevo recitado ahora en el aparentemente “feliz”
tono de Do mayor (¡Que sólo sea una melodía profunda
y salvaje!) y de un inocente sabor mozartiano donde la voz
por razones obvias transita por las zonas más bajas de su
tesitura. La última sección (¡Mira! Entre aflicciones fue criado)
es una repetición de la cantinela de la estrofa anterior pero
ahora regresando a la más oscura tonalidad de mi menor.
Por último, la cadencia en un apacible Mi mayor parece
conceder a nuestro rey el tan deseado consuelo.

viernes, 29 de agosto de 2008

(39) KENNST DU DAS LAND?

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*


Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832)
Joseph Karl Stieler (1828)


Kennst du das Land, wo die Zitronen blühn,
Im dunklen Laub die Gold-Orangen glühn,
Ein sanfter Wind vom blauen Himmel weht,
Die Myrte still und hoch der Lorbeer steht?
Kennst du es wohl?
Dahin! dahin
Möcht ich mit dir, o mein Geliebter, ziehn.

Kennst du das Haus? Auf Säulen ruht sein Dach.
Es glänzt der Saal, es schimmert das Gemach,
Und Marmorbilder stehn und sehn mich an:
Was hat man dir, du armes Kind, getan?
Kennst du es wohl?
Dahin! dahin
Möcht ich mit dir, o mein Beschützer, ziehn.

Kennst du den Berg und seinen Wolkensteg?
Das Maultier sucht im Nebel seinen Weg;
In Höhlen wohnt der Drachen alte Brut;
Es stürzt der Fels und über ihn die Flut!
Kennst du ihn wohl?
Dahin! dahin
Geht unser Weg! O Vater, laß uns ziehn!


¿CONOCES LA TIERRA...?

¿Conoces la tierra donde florecen los limoneros,
las doradas naranjas relucen entre sombrías hojas,
donde una suave brisa sopla bajo el cielo azul,
y se encuentra el silencioso mirto y el frondoso laurel?
¿La conoces acaso?
¡Hacia allí, hacia allí
quisiera andar junto a ti, amado mío!

¿Conoces la casa? Sobre columnas descansa su techo,
la sala resplandece, el aposento brilla
y los bustos de mármol me miran y preguntan:
¿Qué te han hecho, pobre criatura?
¿La conoces acaso?
¡Hacia allí, hacía allí
quisiera andar junto a ti, mi protector!

¿Conoces la montaña y su sendero entre las nubes?
La mula busca el camino a través de la niebla;
en cavernas habita la antigua raza de los dragones;
¡al abismo se arroja la roca y sobre ella el torrente!
¿La conoces acaso?
¡Hacia allí, hacia allí
se dirige nuestra senda! ¡Oh, padre, vayamos!

DESCARGA: "Kennst du das Land?"
Christine Schaefer/Graham Johnson


DESCARGA PARTITURA (SCHUBERT)

DESCARGA PARTITURA (SCHUMANN)



"Goethe en la campiña romana". Cuadro de Johann Wilhelm
Tischbein
pintado en 1787 durante el trascendental viaje a
italia en el que podemos
observar al poeta alemán emulando
a los senadores de la antigua Roma.
Al fondo se intuyen la torre
de la tumba de Cecilia Metella y las ruinas
de la via Apia antica.

Serigrafía de Andy Warhol inspirada en el famoso retrato (1982).
El siglo XX recreando la recreación de Tischbein.


La tumba de Cecilia Metella por Piranesi (1762)

La plaza del Panteón por W. L. Leitch. (1835)

Un grabado del palacio Madama en Roma por Giuseppe Vasi.
Finales del siglo XVIII. Obras que hicieron furor en Europa
durante todo el siglo y que animaron a un sinfín de artistas
a iniciar su peregrinación.


Ya vimos en entradas anteriores como la obra de Schakespeare
quedó como referente para toda la cultura del siglo XIX.
Pocas figuras podrán con posterioridad equipararse a la suya
y de entre todas es sin duda la de Johann Wolfgan von Goethe la que,
principalmente en el ámbito de la cultura alemana, ha dejado una
imborrable huella. También en Goethe encontramos personajes que
al igual que Hamlet u Otello representan arquetipos a los que el
resto de artistas recurrirán una y otra vez en busca de inspiración.

Máscara mortuoria de Goethe


Y de entre todos ellos es, sin duda, Mignon, la desventurada
muchacha raptada por los gitanos en Italia y llevada hasta
Alemania, la que mejor representa todos los tópicos que un
artista romántico pueda desear: juventud, belleza, nostalgia
por el paraíso perdido y un amor no correspondido. Mignon
es para los artistas alemanes Italia. Y ya sabemos lo que Italia
supone a finales del XVIII para todos los artistas del norte de
Europa. Escritores como los ingleses Percy Shelley, John
Keats, Lord Byron o el francés Stendahl hicieron de sus viajes
por el país transalpino un particular doctorado de obligado
cumplimiento.


Habitaciones ocupadas por el poeta John Keats, en el nº 26 de la
Piazza de
Spagna, durante su estancia en Roma, hoy convertida en
casa-museo




Mignon acompañada de Wilhelm y el arpista


Goethe publicó el texto de “los años de aprendizaje de Wilhelm
Meister” en 1796 y desde entonces no ha habido compositor que
no se haya dejado seducir por las tonadas que la protagonista canta
a lo largo de la obra. Ya en 1809 Beethoven pondrá música, una de
las primeras versiones que se conocen, al poema que nos ocupa:
“kennst du das Land?”. Más tarde vendrán Schubert, Liszt, Wagner,
Mendelsohnn, Hugo Wolf y un largo etcétera que, incluyendo las
traducidas a otras lenguas como la compuesta por Tchaikovsky,
llegará hasta principios del siglo XX con la versión que de ella
hiciera un joven Alban Berg.

Cartel de la ópera "Mignon", ópera estrenada en 1866, del compositor
francés Ambroise Thomas




TRES MÚSICAS PARA UN MISMO TEXTO

De todas las versiones conocidas, más de cincuenta, he escogido
la de tres de músicos pertenecientes a tres generaciones diversas.
Resulta muy interesante comparar la forma en la que estos
compositores tan diferentes en estilos y tan lejanos en el tiempo
se han acercado al poema de Goethe.
Schumann escribe su versión en 1849 dentro del ciclo “Lieder,
Gesänge und Requiem für Mignon, op. 98”. Escrita en la tonalidad
de sol menor un par de compases nos bastan para comprender toda
la añoranza de Mignon por su Italia perdida. Su lamento es dirigido
a su adorado Wilhelm y en él vemos la determinación por volver a
casa, sin embargo, al final la resignación parece envolver a nuestra
joven en una breve coda en la que el piano deja entrever en un
nostálgico eco la melodía inicial.
Como de puntillas aparece por fin el rey del Lied (Ya tendrá tiempo
de hacer una entrada más triunfal). Por ahora nos conformamos con
la versión que Franz Schubert escribiera en 1819 sobre el mismo
texto. Podemos comprobar como la visión que Schubert tiene de
Mignon es mucho más juvenil e ingenua, no olvidemos que en la
novela la protagonista tiene tan sólo doce años, mostrando cierta
intensidad en un breve fragmento en la tercera estrofa que aparece
en modo menor.
Por último tenemos la maravillosa versión que en el año 1888
escribiera Hugo Wolf mucho más densa y atormentada que las
anteriores con continuas modulaciones y cambios en el tempo
y la dinámica propios del postromanticismo donde se enmarca
la obra de su autor.


Dos ejemplos de postales sobre Mignon, en actitud un poco "Lolita",
muy de moda a lo largo de todo el siglo XIX

viernes, 22 de agosto de 2008

(37) SCHUMANN: HERZELEID, Op. 107-1

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Die Weiden lassen matt die Zweige hangen,
Und traurig ziehn die Wasser hin:
Sie schaute starr hinab mit bleichen Wangen,
Die unglückselge Träumerin.

Und ihr entfiel ein Strauss von Immortellen,
Er war so schwer von Tränen ja,
Und leise warnend lispelten die Wellen:
Ophelia, Ophelia!

CORAZÓN ROTO

Cuelgan indolentes las ramas de los sauces
Que con tristeza lejos el agua lleva:
Fija está su mirada, pálido su rostro,
La desgraciada soñadora.

De sus manos escapa un manojo de siemprevivas,
Marchitas por el dolor y el llanto,
Mientras con suave aviso las olas susurran:
¡Ofelia, Ofelia!

(Traducción Boccanegra)

DESCARGA: Herzeleid Op. 107/1


William Schakespeare es probablemente el escritor al que
con más frecuencia han recurrido en busca de inspiración
los artistas de las generaciones posteriores. Al igual
que la antigüedad clásica lo fue para él mismo y sus
contemporáneos los personajes schakesperianos han sido
lugar de encuentro de todo tipo de artistas: pintores y
músicos principalmente.
Es el siglo XIX y dentro del movimiento romántico donde
las pasiones relatadas en las obras del escritor inglés
encuentran un especial eco. La fuerza dramática de las
situaciones, el fuerte y definido carácter de los
protagonistas de sus obras así como el gran poder evocador
de la época medieval hacen de las mismas un material
ideal para la creación de los mejores libretos operísticos
posibles. De los títulos más conocidos no necesitamos hacer
referencia, pero sí me gustaría detenerme en algún título que
a alguno podrá sorprender.
Como por ejemplo saber que la primera obra con la que Wagner
se adentra en el mundo de la ópera, "la prohibición de amar",
está inspirada en "Medida por medida", o que "Beatriz y Benedicto"
de Berlioz no es más que la versión operística de "Mucho ruido
y pocas nueces". Por último lamentar que mi compositor de
ópera preferido nunca llevara a término la adaptación de mi
obra preferida de Schakespeare: el "Rey Lear" de Giuseppe Verdi.


John Everett Millais (1829-1896). Autorretrato de 1880

Ofelia (1552)

Y de entre todos sus atribulados personajes uno que encierra las
mejores esencias del movimiento romántico: OFELIA.
La melancolía, la locura, el amor no correspondido, el suicidio son
algunos de los aspectos que encarnados en nuestra protagonista los
artistas quisieron reflejar en sus obras.
Donde Ofelia es especialmente querida es en el mundo de la poesía, y
por tanto del Lied, y en el de la pintura.
En este último campo es donde, ante la posibilidad de retratar a jóvenes
adolescentes en actitud ciertamente sensual y, en ocasiones, llenas de
fuerte carga erótica, a mediados de siglo encontramos numerosos ejemplos.
Movimientos tan dispares como el simbolismo o el más decadente
academicismo pasando por el prerrafaelismo tendrán en nuestra heroína
una inagotable fuente de inspiración.



Robert y Clara en un daguerrotipo de 1850.


Punto excepcional de encuentro entre pintura y música la canción
"Herzeleid", escrita por Robert Schumann en 1852 sobre un poema
de Titus Ulrich y primera de las "seis canciones" op. 107, nos
parece la banda sonora del lienzo que en el mismo año pintara el
fundador de la escuela Prerrafaelita John Everett Millais.
Pintura, texto y música se complementan de manera perfecta en una
obra de arte total, o Gesamtkunstwerk como diría Wagner, en
miniatura. La paz y la serenidad que emanan del rostro, la comunión
con el entorno natural que la rodea (la añorada soledad del bosque),
tienen su equivalente en la serena música de Schumann. Tanto en
una como en la otra la muerte no aparece como algo terrible sino
como ese dulce lugar donde descansar al fin.
Lo más curioso de todo es que ambas obras fueron realizadas el
mismo año pero a cientos de kilómetros de distancia, hallándose en
las dos el mismo espíritu que refleja la narración de la reina Gertrudis
en el acto IV de Hamlet:


GERTRUDIS.- Donde hallaréis un sauce que crece a las orillas
de ese arroyo, repitiendo en las ondas cristalinas la imagen de
sus hojas pálidas. Allí se encaminó, ridículamente coronada de
ranúnculos, ortigas, margaritas y luengas flores purpúreas,
que entre los sencillos labradores se reconocen bajo una
denominación grosera, y las modestas doncellas llaman, dedos
de muerto. Llegada que fue, se quitó la guirnalda, y queriendo
subir a suspenderla de los pendientes ramos; se troncha un
vástago envidioso, y caen al torrente fatal, ella y todos sus
adornos rústicos. Las ropas huecas y extendidas la llevaron un
rato sobre las aguas, semejante a una sirena, y en tanto iba
cantando pedazos de tonadas antiguas, como ignorante de su
desgracia, o como criada y nacida en aquel elemento. Pero
no era posible que así durase por mucho espacio.
Las vestiduras, pesadas ya con el agua que absorbían la
arrebataron a la infeliz; interrumpiendo su canto dulcísimo,
la muerte, llena de angustias.

Edición de Hamlet aparecida en Madrid en 1798 y traducida
por F. L. de Moratín bajo el seudónimo de Inarco Celenio.








viernes, 15 de agosto de 2008

(31) MONDNACHT

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C. D. Friedrich (1774-1840)
Dos hombres contemplando la luna (1820)

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En la terraza de casa con una noche casi primaveral y con una rotunda luna llena no he podido evitar recordar esta preciosa canción de Robert Schumann.
¿Cómo he tardado tanto en poner una canción suya? Evidentemente no será la última.



El poema es de Joseph von Eichendorff como todos los incluidos
en el Liederkreis Op. 39, ciclo de canciones compuesto por Schumann
en el prolífico (y genial) año de 1840. En estos versos podemos
encontrar todos los temas tan queridos para los románticos:
el amor por la naturaleza; la noche; la soledad del bosque;
la añoranza por el hogar lejano.
Schumann dota a la pieza de un aire intimista no exento
de cierto misterio. El suave y "sotto voce" acompañamiento
(ya lo indica la partitura: "zart, heimlich") nos evoca a la perfección
el claro de luna. Así mismo es de destacar el delicado y cristalino
efecto de las disonantes segundas (qué nivel de blog!!) que aparecen
a lo largo de la obra.
Para cristalina la voz de Bárbara Bonney, al piano: Ashkenazy.

Joseh Freiherr von Eichendorff (1788-1857)

 Es war, als hätt' der Himmel,
Die Erde still geküßt,
Daß sie im Blütenschimmer
Von ihm nur träumen müßt.

Die Luft ging durch die Felder,
Die Ähren wogten sacht,
Es rauschten leis die Wälder,
So sternklar war die Nacht.

Und meine Seele spannte
Weit ihre Flügel aus,
Flog durch die stillen Lande,
Als flöge sie nach Haus.





Era como si el cielo hubiera,
besado en silencio la tierra,
y ésta en un estallido de flores
soñar con él solo debiera.

El aire acariciaba los campos
meciendo las espigas levemente,
un suave susurro en los bosques,
tan estrellada era la noche.

Y así mi alma desplegó
ampliamente sus alas,
voló por tierras calladas
como si volviera a casa.


DESCARGA PARTITURA LIEDERKREIS OP. 39

Y a petición de un amable, y anónimo lector, aquí os dejo para descargar tres
versiones de este precioso lied. Sus intérpretes:
Andreas Schmidt, Sarah Walker y Barbara Bonney.

MONDNACH RAPIDSHARE



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