
Cuando aún no han comenzado a brillar en el noche sevillana las miles de bombillas que nos anuncian la llegada de las entrañables fiestas navideñas la bella capital del Guadalquivir, intuyendo la proximidad de esas otras fiestas que pregoneras de la primavera se celebran en el sur de nuestra amada patria como en ninguna otra parte se saben celebrar, nos presenta el cartel anunciador de su Semana Santa y su Feria de abril.
La celebración de tan esperado acontecimiento reune en el salón Colón del ayuntamiento hispalense a gran número de personalidades de todos los estamentos de la ciudad así como a una nutrida representación de todos los medios de comunicación.

Para la ocasión la artista ha tenido el acierto y, por qué no decirlo, la deferencia de contar con una de las mujeres más admiradas y queridas por el siempre agradecido pueblo sevillano. Nos referimos, como muchos de ustedes ya habrán adivinado, a la duquesa Cayetana de Alba.



Y es que, ante tanta gratitud y tanto cariño como Sevilla entera siente hacia esta auténtica "mujer del pueblo" que tantos servicios ha prestado a toda la comunidad, nuestra ciudad no podía conformarse con la dedicatoria de un sencillo cartel de fiestas primaverales. Una nueva muestra de afecto se hacía necesaria.
La iniciativa y la financiación del feliz proyecto ha partido, en esta ocasión, de algunas de las entidades que vertebran la auténtica idiosincrasia sevillana y que tanto significan para nuestra ciudad: Maestranza de Caballería, Cámara de Comercio y Cruzcampo.
Especialmente aplaudido fue el momento en el que el alcalde descubrió el boceto, obra del también sevillano Sebastián Santos Calero, en el que, una vez más, se nos aparece la gentil figura de la duquesa tal y como el propio artista la imagina: "La he querido representar vestida de una manera muy sevillana, que es como ella quería, con un gran mantón de manila, un clavel entre las manos... También tendrá una gran flor en la cabeza".
A la emoción del momento también quiso sumarse la tuna de la facultad de Bellas Artes, aunque, por más empeño que ponían en la tarea, las voces de los gallardos jóvenes a duras penas podían competir con los incesantes vítores y las atronadoras aclamaciones que la concurrencia dedicaba a una conmovida Cayetana:
"¡Viva la duquesa!", "¡Guapa!", "¡Guapa!".
Una vez concluido el acto los asistentes, con el pleno del consistorio al frente, se dirigieron a la basílica de la Esperanza Macarena donde, ante la imagen de Nuestra Señora, se ofició una solemne misa en agradecimiento por tan feliz acontecimiento. Terminada la misma se procedió a depositar una sencilla ofrenda floral ante la tumba del general Queipo de ...
Biiiiiiiippppppp! Biiiiiiiippppppp! Biiiiiiiippppppp!
"¡Pero, qué tarde es. Ya me volví a quedar dormido!".
Tenía todo el cuerpo empapado en sudor y el recuerdo de la terrible pesadilla, que tan oportunamente el despertador había interrumpido, aún me rondaba por la cabeza.
"¡Qué sueño más extraño!".
Instintivamente salté de la cama y, como llevado por un fatal presentimiento, dirigí mis pasos atropelladamente hacia el salón buscando la pared donde sabía que colgaba un calendario.
"Ufff, menos mal, noviembre de 2009. No sé, por un momento pensé...¡Qué va, menuda tontería! Esas cosas ya no pasan. Ahora estamos en el siglo XXI. ¿No?"
Especialmente aplaudido fue el momento en el que el alcalde descubrió el boceto, obra del también sevillano Sebastián Santos Calero, en el que, una vez más, se nos aparece la gentil figura de la duquesa tal y como el propio artista la imagina: "La he querido representar vestida de una manera muy sevillana, que es como ella quería, con un gran mantón de manila, un clavel entre las manos... También tendrá una gran flor en la cabeza".
A la emoción del momento también quiso sumarse la tuna de la facultad de Bellas Artes, aunque, por más empeño que ponían en la tarea, las voces de los gallardos jóvenes a duras penas podían competir con los incesantes vítores y las atronadoras aclamaciones que la concurrencia dedicaba a una conmovida Cayetana:
"¡Viva la duquesa!", "¡Guapa!", "¡Guapa!".

Biiiiiiiippppppp! Biiiiiiiippppppp! Biiiiiiiippppppp!
"¡Pero, qué tarde es. Ya me volví a quedar dormido!".
Tenía todo el cuerpo empapado en sudor y el recuerdo de la terrible pesadilla, que tan oportunamente el despertador había interrumpido, aún me rondaba por la cabeza.
"¡Qué sueño más extraño!".
Instintivamente salté de la cama y, como llevado por un fatal presentimiento, dirigí mis pasos atropelladamente hacia el salón buscando la pared donde sabía que colgaba un calendario.
"Ufff, menos mal, noviembre de 2009. No sé, por un momento pensé...¡Qué va, menuda tontería! Esas cosas ya no pasan. Ahora estamos en el siglo XXI. ¿No?"