martes 2 de septiembre de 2008

(40) LA RISATA FINAL


Verdi según Giovanni Boldini (1842-1931) pastel pintado en 1886

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Tutto nel mondo é burla.
L'uom é nato burlone,
La fede in cor gli ciurla,
Gli ciurla la ragione.
Tutti gabbati! Irride
L'un l'altro ogni mortal.
Ma ride ben chi ride
La risata final.

Arrigo Boito (1842-1918), autor del libreto de Falstaff


Todo en el mundo es burla,
El hombre nace burlón,
La fe en el corazón vacila,
Le vacila la razón.
¡Todos timados! Se ríe
uno del otro cada mortal.
Pero ríe mejor quién ríe
la carcajada final.


El trompeterío resultaba formidable, “strepitosissimo”
para ser más exactos. De las profundidades del foso
la
fanfarria de los metales avanzaba por cada rincón
del
teatro: por cada butaca, por cada palco la música
sonaba
como algo que iba más allá del puro descaro.
Pero, tales
sonidos, ¿no los había escuchado ya? Sí,
hace años, pero
qué diferentes me parecían ahora.
Lo que entonces no
era más que la apocalíptica amenaza
de un Dios vengador
convocando al Juicio Final, ahora se
transformaba en el
grito que toda la humanidad en sonora
carcajada daba
por respuesta: “tutto nel mondo é burla”.
"La Risata Final" como triunfadora del estéril combate entre
el “Diaes Irae” y el amargo "Credo" de
Iago. Entonces
al golpe del último y seco acorde el público
como impulsado
por un resorte comenzó a bramar y
a rugir. Ya toda la sala
era un clamor…

-¡Corre, vamos! o llegaremos los últimos.
El pobre Pietro me tiraba del frac con tal fuerza que antes

de que nos diéramos cuenta ya volábamos por los pasillos

camino del escenario.
-¡Bravo!¡Bravo! ¡Viva el maestro!
Se oía resonar por las escaleras
aún vacías de la Scala.
Entonces un nuevo estruendo
seguido de más gritos,
silbidos y aplausos nos anunciaba
la salida del maestro
a la escena.

- ¡Giacomo! Has visto qué triunfo. ¿tenía o no tenía
yo
razón?

El que así hablaba era Giulio Ricordi quién con los brazos
abiertos nos recibía entre bastidores. Sofocados por la

carrera a duras penas podíamos abrirnos paso entre la

multitud que ya abarrotaba todo el escenario. Hasta el

mismo telón en su confuso abrir y cerrar participaba del
caos general en el que todos buscando a la misma persona

parecíamos participar.
-¡Ahí está Arrigo! Amigo, ¡enhorabuena viejo zorro! lo
has conseguido una vez más.

Lo cierto era que el editor parecía el más satisfecho de
todos, y ¡vaya si lo estaba!, pues del abrazo al sorprendido

Boito casi le vuela los ojos de las órbitas.
Y en ese momento apareció él. Escondido tras su admirado

libretista y mientras sucumbía a un nuevo abrazo de Ricordi
pude contemplar su menuda figura y su canosa
barba, como
en el retrato de Boldini. Mientras se
saludaban Giulio murmuró
algo a su oído y agarrándolo
del brazo vi como poco a poco
se aproximaban hacia
donde yo estaba.
-“Maestro este es el joven del que todo Milán habla y que
como se descuide le deja sin trabajo”. Comentó entre
risas
Ricordi.

- ¿Así que es usted el autor de la nueva “Manon”?
Hace
una semana del estreno y los periódicos y la crítica
ya le
aclaman como mi sucesor, ¡vaya con los jóvenes!
En cambio
yo,…casi he tardado medio siglo en que se me
tenga algo de
consideración.

Las palabras de Verdi sonaban con cierta tristeza, sin embargo
en su cálida mirada pude sentir un atisbo de
sincera admiración.
-Eso es porque se ha arrojado con la facilidad de una
cortesana en los brazos del alemán. ¿Me equivoco?

El malévolo comentario de Ricordi causó de inmediato grandes
carcajadas
entre todos los presentes e irritado por la broma
y
sin querer que mi respuesta sonara a justificación repliqué:
-“Muy ingenioso Giulio, no dijiste lo mismo cuando me
compraste los derechos. ¿y el resto? ¡Qué sabréis vosotros!
¡Mi música es
cien por cien italiana!” Dije con cierta rabia.
Y volviéndome
a Verdi: “Disculpe maestro, no les haga caso...
si la pudiera oir, aunque sólo fuera una vez... para mi sería
un honor
que asistiera en Turín a una de las funciones y lo
comprobara en persona. No se imagina lo que
eso supondría
para mí”.

-Querido amigo, yo también fui injustamentemente criticado
por dejarme contaminar por las maneras de
Wagner. Que si
este coro sonaba a tal, que si allí se podía
ver una clara imitación
del motivo de cual… ¡qué sé yo!
Hágame caso y no se deje
influenciar por nadie…y menos
por esos carroñeros que se
hacen llamar críticos. Y por lo
que respecta a Turín…la
preparación del estreno me ha
dejado agotado y un viaje
ahora…a mis años. Pero, envíeme
una copia de la partitura.
La leeré con sumo placer.

-Bueno señores, ya basta de conversación. El maestro tiene
que descansar. Don Giuseppe, en la puerta el coche
le espera
para ir al hotel. ¡Vamos, dejen paso!

A pesar de la multitud que abarrotaba todo el escenario
el maestro flanqueado por Ricordi y por Boito conseguía

avanzar a duras penas. Al llegar al centro se detuvo
situándose con majestuosa lentitud al borde justo donde

se abría la boca del foso.
Ya en completo silencio alzó
su mirada gris para contemplar
una vez más su querido
teatro. Parecía como si quisiera
retener hasta el último
detalle, como si contara las butacas,
los atriles para ver si
faltaba alguno. Luego girando la cabeza
con un movimiento
algo más ágil detuvo su mirada en la mía.
-Ahora es todo suyo. Ámelo como yo lo he hecho
durante
todos estos años.

En un instante el mayor de los clamores había dado paso
al mayor de los silencios. Tan sólo los menudos
pasos del
anciano maestro avanzando por el estrecho
pasillo que el
respeto y la veneración habían formado
sobre el escenario
interrumpían la calma del momento.
En apenas unos minutos
todo quedó desierto.

Como preso de una extraña emoción me situé en el mismo

punto desde donde el maestro me dirigiera su última mirada.
También yo recorrí con la mía cada rincón, cada
palco, cada
lámpara. Las luces aún estaban encendidas y
todo el teatro
brillaba como si fuera un amanecer de
verano. A lo lejos, ya
en la calle la multitud gritaba de
nuevo enfervorizada como
en esos coros de “interno”
que nadie como él supo crear:
-¡Viva Verdi!¡Viva el maestro!


Giuseppe Verdi (1813-1901) en una fotografía con la fecha del estreno de Falstaff
Giacomo Puccini (1858-1924)
El 1 de febrero de 1893 la capital del Piamonte, y más concretamente
su Teatro Regio, era testigo del clamoroso
triunfo de la nueva ópera
de un casi desconocido
compositor de Lucca llamado Giacomo Puccini.
Ocho
días más tarde tenía lugar en el teatro alla Scala de Milán el
estreno de una de las obras más sorprendentes de
todos los tiempos:
el Falstaff de Giuseppe Verdi.

El joven compositor junto con otros colegas de su generación, como
Pietro Mascagni quién por entonces
disfrutaba del éxito cosechado
con su Cavalleria Rusticana,
no quisieron perderse tan señalado
acontecimiento. Seis
años habían transcurrido desde el estreno de
Otello y los
milaneses ya daban por más que terminada la carrera
del
viejo compositor.


Frente a una Manon Lescaut llena de juventud, y por que no
aceptarlo, de claras influencias wagnerianas
encontramos la
obra de un octogenario plena de vitalidad
y de humor, y de un
estilo tan original y novedoso que casi habría
que retroceder
al mejor Mozart para encontrar algo similar.
Una generación
que da paso a otra nueva. Un genio ya
consagrado cediendo
su cetro a otro genio.


Los "responsables" de Falstaff: Boito, Ricordi y Verdi


Teatro alla Scala, Milán


Teatro Regio, Turín

Antiguo interior del teatro Regio. Curiosamente esta sala fue pasto
de las llamas
un 9 de febrero de 1936

Cartel anunciador de la "premiere" de falstaff

4 COMENTARIOS:

Anónimo dijo...

Siempre me sorprendes, eres como una enciclopedia ambulante.
Sabes? He leido y he imaginado como si fuera un guión de cine.
Genial.

El Camaldolense dijo...

A mi lo que no me sorprende es el trompeteo verdiano.
Al lado de Schumann o Hahn esta música me resulta extraña.
Ya sabes que no soy muy amante de Verdi, aunque este final sea objetivamente bueno; pero es que no me pega, qué quieres que te diga?
Yo me lo hubiera ahorrado... Tanta dominante-tónica trompetera me molesta.
Por lo demás, la entrada, como siempre, está muy requetebién documentada y es un placer verla y leerla; enhorabuena!

Ciao

El Camaldolense dijo...

En cuanto a la otra pieza de Verdi...no me gusta nada. Por supuesto esto no es más que una opinión producto de mi ignorancia...pero es que me deja más frío que un témpano...pera que voy a mentir.

BOCCANEGRA dijo...

Hay que buscar el contraste. No todo va ha ser tan vaporoso. En cuanto a lo segundo: ¿qué no te gusta el soneto de Fenton?!! Te ordeno que me lo escuches cien veces!!!
Es una de las músicas más hermosas que conozco... y además Araiza hace una versión magnífica.
VIVA VERDI!!!!